lunes, 28 de marzo de 2011

La celebración del Norouz

Con la llegada del equinoccio de primavera, los iranios de todas las partes del mundo, independientemente de su credo religioso o de su origen étnico, celebran el Norouz durante un periodo de trece días según la tradición milenaria iraní. Para los pueblos iranios el Norouz, que significa literalmente en persa "el amanecer de un nuevo día", se considera la celebración más importante del año, puesto que es el símbolo más importante de la identidad cultural y nacional iraní, que ha sobrevivido a todas las adversidades y adversarios. En la actualidad la celebración irania del Norouz no solo es celebrada en Irán, sino también en los antiguos territorios iranios, donde se incluyen Armenia, Azerbaiyán, Afganistán, Bahréin, Dubái, Georgia, Iraq, Pakistán, Kazkstán, Kirguizistán, Tayikistán, Turquía, Turkmenistán y Uzbekistán. La tradición del Norouz también ha llegado más allá de la esfera cultural irania y ahora se festeja también en territorios no iranios como Crimea o la Península de los Balcanes.

La tradición oral iraní sitúa la celebración de esta festividad desde hace más de 15.000 años, antes de la última glaciación. El mítico rey iranio Jamshid (Yima en Avéstico) fue quien introdujo esta celebración con el fin de simbolizar la transición del mode de vida de los primeros indo-iranios de cazadores-recolectores a pastores. Los historiadores, sin embargo, creen que la celebración comenzó hace aproximadamente 3.700 años con el profeta Zoroastro y su revelación divina (daenā). Doce siglos mas tarde, Darío, en el 487 a.C., celebró el Norouz en su nueva capital ceremonial, Persépolis. Recientes estudios han demostrado que Persépolis no solamente fue construida como una sede más del gobierno de los monarcas Aqueménidas, sino también como un centro para la celebración de recepciones y festividades ceremoniales, como lo fue el Norouz, ya que sería durante el transcurso de esta fiesta cuando los reyes Aqueménidas recibieron los regalos de los súbditos procedentes de todos los rincones de su vasto imperio, tal y como se representa en los relieves de dicha ciudad.

Portadores de regalos lidios

Durante el periodo de mandato de la dinastía Arsácida (247 a.C.-224 d.C.) se siguió celebrando el Norouz a pesar de que no conocemos los detalles, aunque debió de seguir, más o menos, la misma pauta que durante el periodo Aqueménida. Durante el gobierno Sasánida (224-651) las preparaciones comenzaron al menos 25 días antes del Norouz. Doce pilares de ladrillos, cada uno dedicado a un mes del año, fueron erigidos en la corte. Varios vegetales (trigo, cebada, lentejas, judías, etc.) fueron sembrados junto a los pilares, convirtiéndose en lujuriosos verdes para el día de año nuevo. Los pilares eran retirados el decimo sexto día y el festival llegaba a su fin. La ocasión era celebrada, en un nivel inferior, por todos los pueblos del imperio. Desde entonces, los pueblos iranios, ya fueran zoroastrianos, judíos, cristianos, musulmanes o pertenecientes a otras religiones, celebraron el Norouz en el momento en que se producía el equinoccio de primavera, el primer día del primer mes de Farvardin (alrededor del 20/21 de Marzo).

Tras la conquista árabe de Irán en el siglo VII, un nuevo ritual, una mezcla de antiguas y nuevas tradiciones, conocido como Chahār Shanbeh Suri, fue añadido; éste se celebra la noche del martes antes del Norouz. Una hoguera es preparada para celebrar el Chahār Shanbeh Suri, donde personas de todas las edades saltan sobre el fuego gritando "Sorkhi-ye to az man; zardi-ye man az to" ("dame tu color rojo; toma mi palidez enfermiza"). Este ritual representa como la mala suerte es abandonada y destriuda por el fuego, y la prosperidad y la felicidad para el año nuevo concedida por el poder de la luz, el calor y la limpieza del fuego. Sin embargo, los preparativos para la fiesta comienzan con quince días de antelación con la plantación de semillas en un recipiente poco profundo para que haya varias pulgadas de color verde para la celebración. Las familias a su vez limpian sus casas vistiendo ropa nueva para simbolizar la purificación y el amanecer de una nueva vida.

En la noche del Norouz las familias se reúnen alrededor de la mesa del Norouz, que es preparada con siete elementos que presentan la letra “S” del alfabeto persa, serkeh (vinagre), somaq (zumaque), sir (ajo), samanu (una pasta dulce), sib (manzana), senjed (la fruta del azufaifo), sabzeh (semillas), sekkeh (monedas) y sonbol (jacinto). Además de las siete “S”, una serie de otros elementos son preparados, donde se incluye la lectura de una escritura sagrada reverenciada por la familia, o poesía persa como el Shāhnāmah (“El libro de los reyes”) y el Divān-e Hāfez, huevos duros decorados, un espejo con velas encendidas como un símbolo del fuego y la vida, etc. Tradicionalmente la mesa del Norouz estaba compuesta no solo de siete “S”, sino de objetos esenciales que reflejaban las condiciones pastorales y sedentarias de los antiguos iranios y sus creencias, especialmente con respecto al zoroastrismo. 

Estos objetos especiales para la celebración del Norouz son los huevos, que simbolizan a las personas; la leche, que representa al ganado y al Vohu Manah/Bahman (la buena mente), es decir, la capacidad mental para comprender a Asha, esto es, la naturaleza de nuestro mundo y reconocer la disparidad resultante entre lo ideal y lo real; las velas simbolizan el fuego purificador y el Asha Vahishtā/Ordibehesht (la verdad absoluta, es decir, la verdad que describe cómo debe de ser el mundo en su forma ideal); las monedas representan la riqueza, la prosperidad y el Khshathra vairya/Shahrivar (el dominio ideal, es decir, la estructura social y política ideal del mundo humano); el jacinto simboliza el agua y el sauce almizcle el Spenta Ārmaiti/Spandārmaz (la benevolencia); el ajo, que de acuerdo a la tradición zoroástrica fue estimado por los iranios como una medicina y como un medio para alejar el mal de ojo y el poder demoniaco; el samanu simboliza la fertilidad y los peces la protección contra las criaturas dañinas; y las semillas representan el Haurvatat, es decir, el estado de completo bienestar, integridad física y espiritual.

La totalidad de la mesa excita e involucra a todos nuestros sentidos, simbolizando todo lo que es bueno: la verdad, la salud, la luz, la justicia, la reflexión, la calidez, la vida, el amor, la felicidad, la producción, la prosperidad, la virtud, la inmortalidad, la generosidad y la naturaleza. Las semillas se conservan hasta el Sizda-bedar, el décimo tercer día del año nuevo cuando las familias realizan un picnic en la naturaleza. Es el día en el que las semillas deben de ser arrojadas al agua para que el letargo, la debilidad y la mesura sean arrastrados. Este día inaugura un feliz año nuevo. Amigos y vecinos suelen organizar un picnic en el campo en el que se comen sopas de fideos o platos de arroz en salsa. La gente va y ve los arroyos y los ríos con un abundante caudal como consecuencia de la nieve derretida. Los jóvenes practican deporte y juegan juegos tradicionales, mientras que las chicas entrelazan hierbas frescas, cantando en voz baja: “El décimo tercer día, del próximo año, en casa de mi marido, un bebé en mis manos”. Durante el equinoccio de primavera también se recitaba por parte de los miembros más mayores de las familias fragmentos del Avesta, la escritura sagrada del zoroastrismo. Además, en todos los ritos del Norouz hay una característica que se repite constantemente, esto es, el conflicto entre la luz y la oscuridad. No es de extrañar que la leyenda atribuya al legendario rey y héroe divino Jamshid la invención de esta fiesta, ya que fue quien triunfó sobre las fuerzas de la oscuridad. 

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